María de Montserrat, abre las puertas que están cerradas

Cristian Ierullo es el Coordinador de la Capilla Ntra. Sra. de Montserrat. En el marco de los 50 años de la celebración de la fiesta de la Madonna, cuenta la historia de la advocación de la Virgen, que llegó a Argentina gracias a sus familiares, inmigrantes italianos.

Por Florencia Alejandra Vazquez

En la Edad Media, en la región que actualmente es Barcelona (España) había una primitiva imagen que se llamaba la Virgen del Triunfo. En la época de la invasión de los moros y los sarracenos se produjo una guerra iconoclasta porque se buscaba destruir todo objeto de veneración, entonces, la gente del pueblo, previendo que se destruyera la imagen de la Virgen del Triunfo, decidieron ocultarla en un monte cerrado con unas piedras, que era como una gruta.

De esta manera, la imagen de la Virgen quedó oculta y olvidada durante varios siglos. Hasta que un día, tal como explica Cristian Ierullo, “un grupo de pastores que se encontraban en este monte cerrado – de ahí ´Montserrat´ – vieron que de la montaña salían unos destellos y un coro angelical según dice la historia, e ingresaron. Y vieron esta imagen morena, porque claro, el paso del tiempo había hecho que se transformara en morena. Entonces fueron a buscar al obispo del lugar y decidieron sacar la Virgen. Cuando empezaron a bajar del monte, la imagen se hizo tan pesada que fue imposible moverla. (…) Entonces tomaron como designio que la Virgen se quedara ahí. Y como este monte tiene forma como de cuchillo, de sierra, decidieron llamarla la Virgen de Montserrat. Y desde ese momento, muchos santos cuentan la historia que fueron a rezarle y ahora está bajo los monjes benedictinos, en un Monasterio que construyeron en el lugar.”

La tradición oral hizo que también se venerara en muchas partes de Italia, pero no con la misma figura que en España, porque en Italia llegó en el periodo barroco. Acechados por la Segunda Guerra Mundial, los abuelos de Cristian, que vivían en Vallelonga, un pueblito de Calabria (Italia), junto con un montón más de italianos inmigraron a Argentina, en búsqueda de un futuro mejor. Cristian lo relata de esta manera: “Yo siempre digo que ellos vinieron muy pobres, con una sola valija, pero dentro de esa valija traían la estampa y el amor a la Virgen de Montserrat de su pueblo que era lo que los unía e identificaba. (…) Y empezaron a congregarse los segundos domingos de julio en la Parroquia Ntra. Sra. de Loreto, realizando una misa con un primitivo cuadro. Y hacían una colecta para mandar al pueblo de Italia, para sostener el culto allá.

A mediados de la década del ’60, los devotos hablaron con el Padre Mario Quadraccia, que por entonces era el párroco, fundaron una Asociación Católica, hicieron la imagen de la Virgen igual a la del pueblo italiano y pidieron permiso para venerarla los segundos domingos de julio de cada año en la Parroquia. Mientras que el 3 de mayo de 1968 se realizó la bendición de la imagen de la Virgen, con la presencia del Obispo Monseñor Quarracino, el Intendente y un montón de autoridades, y se dio comienzo a la celebración de la fiesta en julio, con procesión, banda, fuegos artificiales y todas las costumbres del pueblo italiano. Se eligió el mes de mayo para la bendición ya que en Italia ese es el mes de María y además está el día de la madre.

Los abuelos de Cristian llegaron a Argentina con 15 años de edad. El pueblo del que procedían era rural y su profesión era la agricultura. Por eso, su familia comenzó a trabajar en el mercado central con puestos de frutas y verduras. Cristian cuenta la historia: “Otros, como mi bisabuelo, que también fue fundador, eran “changarines” que bajaban las bolsas. Y las mujeres amas de casa. (…) Mis abuelos se casaron acá. La talla de la Virgen la hicieron en Argentina. Con una estampita muy chiquita, buscaron un taller muy conocido e importante que ya no existe más, el Taller Malnet, que hizo también el retablo de la Catedral de La Plata.

Durante 15 años, se realizó la fiesta de la Virgen en la Parroquia. El Padre Mario les cedió el salón Montserrat, ahora conocido como el salón Frassinetti, y ahí hicieron una especie de camarín, con la Virgen en el medio y alrededor los bancos. La misa se celebraba una vez al mes en italiano. Mientras que el día anterior a la fiesta, tenía lugar una vigilia de oración, desde la 9 pm hasta las 6 am.

Un día – relata Cristian – mi bisabuelo le dijo a mis abuelos y a mis tíos abuelos, que ellos ya estaban grandes, y que podía pasar que cuando murieran todos, que es algo inevitable, la Virgen quedara olvidada, quizás en un salón como una advocación más. Entonces, empezaron a pensar en construirle una casa propia.” Hablaron con el Párroco Alejandro Guido, quien expresó que, debido a que el radio de la Parroquia es muy grande, estaba la necesidad de llegar con la evangelización al otro lado de la Avenida Mitre. Además, construir la capilla del otro lado iba a facilitar la asistencia de la gente anciana, así como también de los niños que hasta entonces hacían la catequesis en casas de familia y después tenían que ir a la Parroquia a tomar la comunión. De esta manera, se iba a poder concentrar todo allá.

Para construir la capilla se necesitaba la donación de al menos un terreno. A mediados o fines del ’70, el intendente les cedió dos terrenos a perpetuidad, con la condición que en 10 años se edificara algo. En palabras de Cristian: “En ese entonces, el barrio era todo caña, junco, descampado. De hecho, donde ahora está la capilla, había una laguna. Entonces, lo primero que había que hacer era llenar los terrenos para poder empezar a construir. Tampoco había acceso porque no había calles, era todo tierra. Se consiguieron 142 camiones de tierra colorada para llenar, y lo iban llenando los domingos, porque durante la semana trabajaban en el mercado. Parece mentira, pero tardaron casi diez años en preparar los terrenos. Llegó la orden de la Municipalidad que si no había algo construido, iban a perder los dos terrenos. Entonces, un terreno se cedió para que se hiciera una Unidad Sanitaria, y el otro terreno quedó para la Capilla. Como era inminente el traslado, en la parte de atrás, donde ahora está el salón comedor, se pusieron unos postes de luz con chapa provisorios, y el 22 de diciembre de 1983 todos los italianos llevaron a la Virgen por Av. Mitre, y cuando cruzó el puente, la gente del barrio la tomó en andas, se hizo una suelta de bombas y la llevaron a ese primitivo salón.” Quarracino puso la Piedra Fundamental y Di Monte fue el primer obispo en celebrar la misa y bendecir el sagrario.

Dos años después, se construyó el templo que conocemos ahora, pero no fue tarea sencilla. Las bases se realizaron con el dinero de la venta de un kilo de oro que tenía la Virgen, producto de la costumbre de la gente italiana de ofrecerle algo de oro cada vez que la Madonna les concedía algo. Mientras que el resto de los fondos se consiguieron, por un lado, gracias a las donaciones de la Fundación Adveniat de Alemania (a la cual escribió el Párroco Tulio) y a los bonos “protemplo” que vendió la gente del barrio.

Como otros datos de color, Cristian agrega: “En 2010, el obispo coronó la imagen de la Virgen. Si bien la talla tiene sus coronas de madera, en Roma se lograron adquirir las coronas de metal. Hasta la actualidad es la primera y única imagen de la diócesis coronada por el Obispo. Las coronas la bendijo Benedicto XVI. (…) Además, fue la primera capilla que tuvo la Parroquia. Y en 2017, el Obispo Frassia consagró el altar de la capilla con las reliquias de Don Orione por el jubileo.”

La Virgen de Montserrat es la patrona del campo y las buenas cosechas porque procede de una zona rural de Italia. Sin embargo, en Argentina generalmente se la nombra más como “María que abre las puertas que están cerradas, que abre los caminos”, porque apareció en el monte cerrado. Por eso su oración dice “María de Montserrat, abre las puertas que están cerradas. Yo estoy solo y tú me acompañas. Te llamo y tú me haces luz. Estoy afligido y tú me consuelas.”

Además de la Virgen de Montserrat, la capilla tiene como segundo patrono a San Vittoriano, cuya fiesta se celebra en noviembre. La historia de San Vittoriano es así, en palabras de Cristian: “También era un grupo de inmigrantes italianos pero de la zona de Bari, que hacían la fiesta en la Parroquia Ntra. Sra. de Loreto. Y un matrimonio grande, que por una gracia decidieron hacer la imagen del santo y la fiesta. Cuando ellos fallecieron, la imagen quedó olvidada. Entonces, como nosotros tenemos esta raíz italiana, le pedimos permiso al Párroco Roberto Cancián, quien aceptó llevarlo a la capilla. Su advocación es la de protección de los hogares. La gente se fue enganchando. Ya hace cinco años. Hicimos el altar, lo entronamos y quedó como segundo patrono.”

Cristian Ierullo pertenece a la cuarta generación que continúa con la devoción y la tradición. De esa inmigración ya no queda casi nadie, salvo dos o tres italianos de 80 o 90 años de edad. Los que siguen participando son los hijos, además de los jóvenes que se van sumando, que son chicos del barrio que hicieron la catequesis ahí. Ante la pregunta de qué significa para él la Virgen, afirma: “Para mí la Virgen es mi vida. Obviamente sé que la Virgen es la que nos lleva a Jesús, que es autor y dador de toda gracia. Pero creo que cuando uno desde chico siente tanto ese amor a la Virgen, es algo que no lo podes desprender. La siento como mi madre del cielo pero no la veo como algo lejano, la siento cercana, como una amiga que está en las buenas y en las malas, en las alegrías y en las tristezas. Y es como un todo, yo quizás no podría concebir mi vida sin la Iglesia, sin esta devoción. Porque la Virgen fue llamando a cada uno para poder continuar con esta tradición. Porque son 50 años que cumplimos este año y que hay que ir manteniéndolos. (…) Yo me siento más como un impulsor de la devoción.”

Esta entrevista tuvo lugar en julio de 2018, fecha en la que se celebraron los 50 años de la fiesta de la Virgen de Montserrat. Pero un año antes se comenzó a pensar qué se podía hacer para que el festejo de los 50 años fuera especial. Al charlar con el Párroco Roberto Cancián, descubrieron se podía decretar el año jubilar de la Virgen, que finalmente fue de julio de 2017 a julio de 2018, todo un año de festejo. Además, sintieron la inspiración de escribirle al Papa Francisco, para que él también decretara el año jubilar y concediera la indulgencia plenaria, que es un acto extraordinario que el Papa concede a aquella persona que se confiese, comulgue en la capilla y rece un credo delante de la Virgen por las intenciones del Santo Padre. A diferencia de la confesión, la indulgencia saca la raíz del pecado. La única condición del Papa Francisco fue que fuera un año de misericordia, un año misional.

De esta manera, se decidió hacer una misión por mes, para que la Virgen estuviera presente en distintos lugares. Así lo relata Cristian: “Empezamos yendo al Hospital Gandulfo (a la sala de maternidad y neonatología que llevamos juguetes y golosinas), visitamos un hogar de abuelas, hicimos una misión del rosario repartiendo rosarios en todo el barrio, otra misión importante que hicimos fue ir a un leprosario (Colonia Sommer en General Rodríguez) con elementos de higiene personal, también hicimos canastas de navidad, el pesebre viviente, cuando empezaron las clases ayudamos a una escuelita rural en la costa, llevamos adelante un jubileo de la ecología con los niños de la catequesis, preparamos el vía crucis viviente en Semana Santa, y la última misión fue en el Hogar Santa Rosa en Tigre. La terminamos ahí porque cuando empezó el año jubilar nuestra capilla no tenía consagrados el templo y el altar. Entonces, desde ese hogar nos enviaron una reliquia de Don Orione que es una ampollita con la sangre, y el año jubilar empezó con un gesto eucarístico que fue la consagración del altar por parte del obispo.”

Respecto del recibimiento de la gente de los lugares que visitaron, Cristian comenta: “Siempre que uno va a ayudar, recibe más de lo que da. Fueron palabras de agradecimiento. De hecho, estamos pensando volver a visitar algunos de esos lugares, porque tenes un recibimiento de amor, de emoción, por saber que vamos con un cuadro de la Virgen y la gente lo recibe y se lo queda. A todos los lugares que fuimos nadie conocía a la Virgen, salvo en Tigre. Así que también expandimos la devoción a otros lugares, porque fueron puntos de distintas localidades.” Así que 2017 fue un año de muchas emociones, tanto por el decreto del año jubilar por parte del Papa, como por las misiones. Además, ese año tuvieron la gracia de recibir por primera vez al cura párroco de la Basílica del pueblo de Italia, quien celebró la misa.

Cristian cuenta con mucha alegría los milagros que la Virgen realizó con esta advocación: “La Virgen es milagrosa en sí. Con la advocación de Montserrat muchos hemos vivido diferentes milagros que la Virgen le concedió a sus devotos y a todos sus fieles. Hay uno que enviamos a Italia, que es el más resonante. Cuando la Virgen estaba en la Parroquia, había una señora que tenía un nene de 5 años que no había hablado nunca. No había manera, lo habían llevado a un montón de médicos. Entonces, un miembro de la comisión le comentó de la advocación de la Virgen, diciéndole que es muy milagrosa. Ella fue y lo llevó un día a la fiesta y cuando el nene estuvo delante de la Virgen, dijo: ´Mamá, qué linda que es la Virgen´. La madre, muy emocionada, le donó a la Virgen un bellísimo y gigante rosario de cristal de roca. Se trata del rosario que todos los años la Virgen lleva en la mano o en el cuello durante la procesión. También sabemos de muchas mujeres que le han pedido la gracia de ser mamas en las procesiones y la Virgen se los ha concedido.”

Por último, Cristian habla del futuro: “Sueño con que esta devoción continúe, con sus debilidades y fortalezas. Que sean muchos los que sigan queriendo a la Virgen, especialmente la advocación de Montserrat. Y que sientan ese amor que sentimos yo y mi familia. El sueño es que cada vez haya más gente enamorada de la Virgen y de Jesús.”

1968 - 2018

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