El sábado 10 de marzo, el Padre Roberto Cancian presidió su última misa en Loreto a las 19 hs. La Iglesia se llenó y se vivió un clima de fraternidad, con una mezcla de sentimientos, de alegría y tristeza, por la despedida luego de 12 años de caminar juntos, compartiendo misas, compartiendo la vida y creciendo como comunidad, como familia.

Además de haber sido una misa especial por ser la última en esta Parroquia, también se sumaba el tiempo de Cuaresma, de preparación del corazón para la Pascua.

Luego de las Lecturas, el P. Roberto hizo una homilía de una gran riqueza, porque no sólo habló del Evangelio, sino que dejó sus agradecimientos, dijo todo lo que aprendió y creció junto con la comunidad de Loreto y dejó un mensaje de esperanza…

Estos son algunos fragmentos de la Homilía del P. Roberto:

“(…) Cuántas cosas lindas para agradecer a Dios de todos estos años. Yo tengo muchas cosas que agradecer acá, viéndolos a cada uno de ustedes, la familia linda de Loreto. (…) Nosotros los sacerdotes crecemos con ustedes. (…) Sepan que cada uno de ustedes, en este tiempo, han enriquecido mi vida, también los sacerdotes que han pasado por acá, con los que hemos formado comunidad. (…)”

A partir del Evangelio de ese día (Juan 3, 14-21), el P. Roberto realizó esta reflexión:

“Yo me hice una listita de picaduras de serpientes que vivimos como comunidad (…): la soledad, la enfermedad, las injusticias, la desolación, la pobreza. En definitiva, cuando he escuchado estas cosas, cuando los sacerdotes escuchamos esto, ¿cuál es nuestro pecado? Querer dar recetas, decir lo que tienen que hacer, en vez de señalar a quien tienen que mirar para que los salve de esa picadura. Yo descubrí aquí la clave de nuestra salvación: en la situación que estemos pasando, no tenemos otra cosa que mirar a Jesús (…) ¿y hacer qué? Mirar la cruz. Dejar que Dios obre. Dejar que Dios transcurra a través de mi enfermedad, a través de mis pecados, de mi soledad, de las injusticias. (…) Capaz que no hay nada que entender, hay que mirarlo nada más, y que ese “mirarlo” vaya transformando mi vida y mi corazón. (…) Contemplar a Jesús sin miedo. (…)”

Y también pidió “mirarnos con cariño y cuidarnos”.

Al finalizar la misa, tuvo lugar un ágape a la canasta, para compartir otro momento más de fraternidad con el Padre Roberto, quien recibió un regalo como gesto de agradecimiento por estos años.

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